jueves, 30 de noviembre de 2006

Bellavista de la Florida: Hipocresía del Progreso




A mitad de camino entre la miseria y el progreso, está el paradero 14 de Avenida La Florida. En este punto de la ciudad, llamado Bellavista, convergen cuarenta años de proyectos sociales y de urbanización que lo convierten en un símbolo del paradigma urbanístico moderno: la pugna entre el avance y el estancamiento social en la ciudad.

El 5 de abril de 1997 se inaugura la Estación Bellavista de la Florida, de la línea 5 del Metro. Queda a la altura del paradero 14 de Av. La Florida. A menos de una cuadra de la estación, se encuentra uno de los Malls más grandes de Chile; una comisaría; un MultiCine; un terminal de buses; una notaria; dos colegios; un consultorio médico; dos supermercados; dos estaciones de servicios; 13 bancos; la Municipalidad de La Florida; dos iglesias; decenas de restaurantes; preuniversitarios; financieras; aseguradoras; institutos de formación técnica; en fin, todo los servicios de una ciudad, en una manzana.

Por esto se considera a este barrio como un sub-centro de Santiago. Es un barrio que es centro cívico, comercial, de servicios, educacional y de transportes. Es un barrio donde la gente circula constantemente, por cientos, y en todas direcciones. Sin embargo, este paraíso del siglo XXI cela una realidad de contrastes, con la que los floridanos, y por añadidura todos los chilenos, debemos convivir. Av. Vicuña Mackenna, otra vía principal de este barrio, lo divide en dos: el oriente y el poniente. El Oriente, donde está el Mall y la Municipalidad, alberga condominios residenciales de clase media emergente. También hay calles que sin ser condominio tienen guardias privados. Al otro lado de la avenida, en el poniente, se encuentran poblaciones pobres, herencia de un pasado proletario.

Los del oriente y los del poniente, se bajan juntos del Metro, pero toman rumbos distintos. Al bajarse, ambos observan al magistral patio de comidas del Mall. Uno camina hacia allá. El otro en dirección contraria. Los del oriente acusan a los del poniente de ser la cantera de los nuevos altos niveles de delincuencia en la comuna. Los del Poniente acusan a los del oriente a tener mayores beneficios urbanísticos y presupuestarios: mejores calles, mejores escuelas, mayor contingente policial, entre otros. Este conflicto no es nuevo. La única forma de entenderlo, es conociendo su historia.

Hasta 1968 La Florida era una comuna poco poblada, conformada casi exclusivamente por parcelas. Pero ese año, el rápido crecimiento que sufría la ciudad exigió encontrar soluciones habitacionales inmediatas para los nuevos pobladores, por lo que el gobierno recurrió a las “Operaciones Sitio”, una alternativa residencial concebida originalmente para refugiar a los damnificados de los temporales del invierno de 1965. Es lo que hoy conocemos como “Villas”. Poco después, durante el Gobierno de Salvador Allende, se seguiría poblando mediante “tomas”.

Durante la dictadura militar, se impone el ideal de mercado por sobre el social en materias de vivienda, por lo que el plan regulador de la comuna imponía escasas exigencias para construir. Esto produce que en la crisis económica de 1982, al verse afectado el negocio inmobiliario, se desarrollara una política de mercadeo de la comuna, ofreciendo un buen nivel de vida, por un bajo precio. Esta oferta tentó a muchos, pero en especial a matrimonios jóvenes de clase media, que al poco tiempo terminaron de poblar el sector.

Con el gobierno de la Concertación, la inversión privada se consolida como el motor habitacional. El crecimiento desorganizado sufrido por la comuna genera la necesidad de mejorar las vías de acceso. Se construye entonces, una línea de Metro y una autopista, indirectamente incentivando aun más la migración a la comuna.

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